Hoy en el tren me he sorprendido al ver una mujer escribiendo postales, suponiendo que después éstas serán enviadas a alguien, y que ese alguien las recibirá al cabo que se escriben más de cien tuits. El tiempo y la palabra. Algo que es ya vorágine. La palabra instante y la palabra confitada.

Ahora, el instante; creemos haber cambiado la semántica de móvil por la de inmediato, creemos haber transformado la laconicidad de un tuit por la reflexión. Lo móvil tiene que pasar ya, lo breve ha de ser fútil.

Antes, la palabra se confitaba en cartas y postales; había que decir contando con el tiempo, había que decir pensando en que aquella palabra se confitaba, maduraba, se hacía significado mientras acababa de viajar y arribaba.

Y la respuesta nos ansiaba, y aguantábamos ese prurito.

Anuncios