Acabo de llegar de la inauguración de la exposión La Trieste de Magris: muestra que, copio directamente de la promo, invita a descubrir la ciudad de Trieste a través del escritor triestino Claudio Magris y sus libros. Trieste es una ciudad fronteriza, mezcla de lenguas y culturas: italiana, germánica y eslava. Su ubicación geopolítica única ha determinado su talante a lo largo de toda la historia hasta el presente. La ciudad italiana también es conocida y reconocida porque allí nacieron o vivieron algunos de los escritores e intelectuales más importantes de los últimos siglos: Italo Svevo, Umberto Saba, Rainer Maria Rilke, Scipio Slataper, James Joyce…

Absolutamente recomendable por su factura y por su capacidad para emocionar.

Triste me tenía ya cautivado, vale decir. Como muestra este poema (que dicen que es exactamente el espíritu de la exposición).

Quizá no haya estado nunca en Trieste, pero recuerdo haber paseado entre la gente por el Canal Grande y haber visto la lejanía en los ojos de Svevo y Magris.

Quizá sí, quizá no haya pisado nunca el café San Marco, ni me haya dejado los dientes en la librería de Saba, pero se me inunda la memoria de la luz azulada del alba, de la victoria de la tristeza, del despertar en la frontera.

Cómo duele esa luz cuando uno nunca ha estado en Trieste, ni ha podido caminar por el sendero de Rilke, ni los colores del otoño en el Carso lo han penetrado hasta el fondo de una tela, que cuelga ahora en su cuarto. Cuánta luz no arañada a la vida y a las palabras, al loco canto de un pincel.

Predecir la memoria —dijiste, ese es el margen de la vida.

Jorge Brotons, La velocidad de las piedras 2011, inédito

Anuncios