Mireia en su último Orlando natural (Alabatre, La Breu edicions,2010 (¡cómo fascina esta editorial!)) naturalmente orlandea. Si entendemos por orlandear el traspaso, el intento, del poema por el cuerpo. Si es que eso es posible. Si atenemos a Woolf. Que en su momento ya atendió al furioso, me refiero al Orlando furioso de Ariosto. Movimiento, ánima, ferocidad, piel, llaga dibujada, dolor, amor, pasión. la búsqueda de una métrica de la pierna, de la saliva, del profundo malestar del pubis.

Con semejantse pilares sujetando su obra, y aderezada de bebidas tan saludables como la de Felicia Fuster, Christina Rossetti,  mi adorada Alejandra Pizarnik, Rosina Ballester, Orlando natural resulta una lectura en trama de la cual no se sabe nunca si se entra o se sale. Mireia Vidal-Conte, a través de su exploración, de su diálogo con su entorno, de su dolor por decir, hace de nosotros, sus lectores, lo que quiere. Y eso es magnífico.

Lo que no sabe Mireia es que eso es el riesgo y la furia de la belleza de un cuerpo en un trapecio, como ya cantara Mallarmé. O sí.

Sigan a la espera de la próxima cita con el trapecio.

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