El toro u otra vez la vocación. Dice el muchacho este que se atenta contra la libertad, y la taberna aplaude. Dice el muchacho que no eres español si no amas el toro, o lo quiere decir y no sabe cómo. Dice el otro chico que no serás catalán si te gusta. La vocación de portero en marcha. Dice el otro chico, el del fondo, que el animal sufre. ¿Cómo? Si apenas sabemos decir cómo sufrimos los animales que somos capaces de decir. No saben los chicos que no hablamos de eso, que hablamos de tauromaquia, que es lo mismo que si hablamos de nuestro ancestro miedo a la vida. De eso va el toro, de nuestro miedo a la suerte de la vida: fortuna o muerte. Por eso hace tiempo que lo conjuramos, porque es un miedo antiguo: el ritual, el tercio, la puntilla, el capotear, brindar, triunfar, morir,…, de eso va nuestro paso por la vida. No sabem estos chicos que eso es civilización, y que en ningún caso es cultura (también se pintaron os cien mil hijos de San Luis). Pero la pregunta es si a estas alturas cabe la muerte, para conjurarla; si seguimos así o pasamos página civilizada. Yo creo que ya no cabe más muerte de animales, con cuernos o con capote.

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