Me gusta cuando disposición y lectura coinciden. Quizá le deba a ello los mejores momentos personales, y quizá, también, le deba seguir leyendo. Y la verdad es que -¿por suerte?- los he podido frecuentar.

Eso mismo me ha ocurrido con Il giorno prima della felicittà, de Erri de Luca; traducida al castellano por El día antes de la felicidad, publicado recién por Siruela. En Italia es un superventas, superando incluso a alguno de los libros de la saga Larsson.

Apenas 130 páginas trepidantes, en el contexto napolitano de posguerra mundial, el texto huele. Huele a mar, a sofoco a tristeza a vida a salvación a sangre a sexo; huele a esquina a encuentro a suerte a fortuna y a desgracia. No se me ocurre otra cosa que apelar a su aroma, al que desprende del texto de De Luca. Es lo único que se me ocurre ante la vacuidad de las novedades contemporaneas, lo más transgresor.

¿Por qué coinciden algunas lecturas con ciertos avatares vitales, biográficos?

Leo Il giorno prima… de tirón, justo el día antes de mi primera felicidad en meses. Y como en su lectura, me percato de su volatilidad.

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