A raíz de una entrevista que Álex Holgado me hizo para el Diari de Sabadell, de eso ya hace unos días, durante un tiempo iba haciéndome algunas preguntas, de esas que piensas que podría acabar haciéndote el entrevistador. Son preguntas que estás acostumbrado a leer en otros. Un claro ejemplo es la de ¿cómo quiere ser recordado por sus lectores? Gracias al periodista, no fue el caso.

Claro que uno puede recurrir a los tópicos y lugares comunes de la vanidad, la modestia, la pedantería o la pretensión, como muchos. Claro también que se puede recurrir al ingenio y prestar al mundo una cita más para el catálogo universal de ocurrencias, como harían algunos pocos.

Pero, al darle vueltas, he llegado a la conclusión que si hubiera sido el caso, mi respuesta hubiera sido que no quiero ser recordado. ¿Falsa modestia?, ¿ingenio? Nada que se le parezca.

No quiero ser recordado porque yo importo una mierda respecto a lo que pueda escribir, y que lo que importa es la biografía que en los demás que pueda llegar a convocar con mis versos.

De eso trata la literatura, y lo demás es no haber entendido nada, como hace tanto tiempo, como hace tanta gente.

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