Nuestros hijos tiran piedras en el río, las intentan hacer rebotar; las ondas transmiten a otros ríos su señal. Yo he visto este cuadro otras veces, en otros. Y era un preludio. Volver a escribir.

El frío en la cara de un alma caliente. La lucidez y la tristeza, que se nos presenta frente a la inminencia, sin que lo sepamos, sin que lo sepamos demasiado. Entonces, pienso que camino sin dolor, invisible a la mirada compasiva de las mariposas.

Un bellísimo cuadro, perfectamente enmarcado, en esa tierra que siempre invita a la piedad. Y aquella familia exquisita, que nos acogió.

Horta de Sant Joan, abril de 2008.

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