Tengo la calefacción muy alta. Donde escribo, en este despacho-refugio, percibo estos días -claramente- la certeza de que no estoy hecho para el calor. Desvivo, con la canícula; valencia curiosa para quien viene del sur; de nuevo esa sospecha genética que recae en los ojos, en la barba roja y en el (no) color de la piel.
Esa alta temperatura, que me acompaña cada año hasta bien entrado octubre, concierne también a mi decir la vida, a mi compás de vida, a mi hacedor de días, muy a mi pesar.
De aquí a octubre, el consuelo del ocaso de las tardes. Eso, y la amistad.

2 comments
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Julio 3, 2009 a 3:54 pm
Galderich
Tens pagada una orxata al Sirvent del Parlament… això si, al capvespre!
Julio 7, 2009 a 9:30 am
Marta
M’hi apunto! Clara… véns?