Hay días en que la ideas son lagartijas.

Manel. Un descubrimiento. Quizá el arte provenga de la perplejidad. Es de donde viene esta propuesta musical. Ha llegado el momento de ser, como se es; cantar (¿escribir?) desde el mundo interior, dejar la pose y desnudar el convencionalismo.

Porcel. Qué fácil es hablar de él -mal o bien- y no leerlo. A lo mejor alguno aprendería a escribir.

Lengua. Alguien ha vuelto a decidir por mí en que pais vivo; o debo vivir. El estranjero hará de tí, al hacer de tí un estranjero (Jabès).

Tengo la calefacción muy alta.  Donde escribo, en este despacho-refugio, percibo estos días -claramente- la certeza de que no estoy hecho para el calor. Desvivo, con la canícula; valencia curiosa para quien viene del sur; de nuevo esa sospecha genética que recae en los ojos, en la barba roja y en el (no) color de la piel.

Esa alta temperatura, que me acompaña cada año hasta bien entrado octubre, concierne también a mi decir la vida, a mi compás de vida, a mi hacedor de días, muy a mi pesar.

De aquí a octubre, el consuelo del ocaso de las tardes. Eso, y la amistad.

Noche de San Juan, Hoy era martes (2008)

Como el poeta, yo también prefiero

escribir noches concretas y sencillas,

realidades para celebrarme en ellas.

Ya veis, sed de presencia.

Esta noche no veo el humo derramado

ni oigo el estruendo de los cohetes,

pero en algún lugar de lo escrito

presiento la lujuria de la pólvora.

Cenaremos y nos propondremos otro verano

como si de un consumo de nosotros se tratase;

apetecerá entonces ir leyendo los libros

apilados en la mesita de noche,

uno para cada fiesta que nos quede.

Posiblemente, vivir sea eso:

hacer arder el desván de las ocasiones,

volver humo lo que acontece.

De quién la intuición de escoger un libro

y no otro.

De quién ese presentimiento.

De quién esa pólvora.

Es lunes, a eso de la entre noche un día de primavera, barrio de Gràcia de mi ciudad; escaleras abajo y encuentro con poetas. El bar se llama La Cigale. Son Chico y Salido-Vico, incombustibles agitadores culturales que dirigen el ciclo de poesía Els dilluns de la Cigale. Este lunes toca Eduardo Moga.

Moga me deleita. Lo conocía como lector y no me defrauda escucharlo -como sí me ha ocurrido con otros. Domina la palabra, la escena; nos lleva por dónde quiere, sin estridencias, con contundencia.

Los lunes son poesía, lo han sido durante todo el invierno mientras ha durado el primer ciclo. Para el otoño se reanuda. Allí os espero.